domingo, 13 de septiembre de 2015

EL TAXIS. OTRO "BOMBÓN" QUE EL PP / PSOE, NARANJOS O ASIMILADOS LE ENTREGARÁN A LOS CAPITALISTAS EXTRANJEROS


Dos mil taxistas protestan en Córdoba contra la liberalización
Profesionales del sector de toda España se congregan para mostrar su rechazo al informe de Competencia, que tildan de "atropello"
F. J. CANTADOR CÓRDOBA
Diario de sevilla
12.09.2015

Una panorámica de la manifestación de los taxistas ayer en Córdoba.


"El taxi quiere vivir", rezaba ayer una camiseta portada por Fernando Luengo, un taxista balear, en la glorieta de la Ciudad de Nuremberg, en Córdoba, punto de inicio de la manifestación que la Asociación Provincial de Trabajadores Autónomos del Taxi (Auttacor) había organizado contra el informe de la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) que pretende la liberalización del sector. Eran poco menos de las 10:00. Desde esa hora y hasta aproximadamente las 14:30 -tiempo de duración de la manifestación, que recorrió avenidas del centro de la ciudad- el taxi demostró que está muy vivo. Tanto que la marcha, que concluyó a las puertas de la Subdelegación del Gobierno en Córdoba, estaba compuesta por una hilera de unos 2.000 vehículos repartidos en tres kilómetros y medio y llegados de prácticamente todos los puntos de España. Según el Área de Seguridad del Ayuntamiento, "más de 1.500 coches y unas 250 personas a pie". Según la organización, "más de 2.000 coches y unas 3.000 personas, entre las que van en los coches y a pie". 

Pese a este baile de cifras -normal cuando se trata de una protesta en la calle-, lo que está claro es que el presidente de Auttacor, Miguel Ruano, vio ayer cumplida su profecía del pasado viernes, cuando apuntó a los medios de comunicación que "va a ser una manifestación nunca vista en Córdoba". La pancarta que encabezaba la marcha -No al control del taxi por las multinacionales- era la respuesta clara de los miles de taxistas allí congregados en contra de las intenciones de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia -órgano adscrito al Ministerio de Economía- de derogar las ordenanzas municipales -de momento, las ciudades de Córdoba y Málaga- "para conseguir la desregulación del sector", según insistió Ruano. 

Antes de partir la protesta, se concentraron taxis llegados, entre otros puntos: Andalucía, Cataluña, Madrid, Valencia, León, La Mancha, Baleares y Murcia. El prólogo a la marcha, en la que era palpable la indignación de los profesionales del taxi contra el miedo a perder sus empleos, lo puso el presidente de Auttacor al denunciar que "la desregularización del sector que pretende competencia, apoyada seguramente por algún lobby español o europeo", acabaría con el trabajo de 100.000 personas en España". 

Ruano puntualizó que "el taxi dejaría de trabajarse por los taxistas españoles, para trabajarse por multinacionales; los taxistas autónomos desapareceriamos; finalizaría la garantía al usuario en materia de precios quedando al libre mercado, y en función de las circunstancias, y cuando un usuario utilice el taxi habrá momentos en los que le beneficie, porque haya muchos vehículos y esos precios sean bajos, y que le perjudique, porque se encuentre que hay un sólo taxi en la calle y el taxista, por su libre competencia, le pida un precio desorbitado". 

La preocupación por el futuro del sector la expresó también el presidente de la Federación Nacional del Taxi y de la Asociación Gremial de Madrid, Julio Moreno. "Todo esto es para favorecer a los grandes grupos de poder. Hay que tener en cuenta que el sector del taxi factura anualmente en España 4.000 millones de euros, lo que supone una tarta muy golosa para esos operadores", resaltó. "Por un lado vemos que todos los partidos políticos, ayuntamientos y comunidades autónomas dicen que están con el taxi; si están con el taxi, ¿quién narices manda aquí?, no lo acabamos de entender", lamentó el presidente de la Federación Nacional del Taxi, que consideró como un "atropello al sector" el dictamen.



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sábado, 12 de septiembre de 2015

EUROPA, LA UNIÓN EUROPEA Y LA IZQUIERDA

La izquierda y la necesidad de abrir un serio debate sobre el euro y la Unión Europea

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Redacción de Mientras tanto
Rebelión
04.09.2015

Más vale decirlo claramente: la izquierda española tiene que asumir que el euro, tal y como lo conocemos, es una moneda insostenible. Y ello tanto por motivos macroeconómicos como políticos. Los motivos macroeconómicos son fáciles de describir y, en el fondo, ya fueron explicados en 1971 por el economista Nicholas Kaldor: que una zona monetaria no óptima —es decir, cuando un grupo de Estados que deciden compartir moneda no presentan unas perfectas flexibilidad de precios y salarios y movilidad de los factores de producción—, no era viable sin una unión político-fiscal europea que garantizara fuertes transferencias de dinero de los países más ricos hacia los más débiles y sin un Banco Central Europeo que, además de ocuparse de la estabilidad de los precios, actuara de prestamista de última instancia para cada uno de los Estados miembros [6].

 Es más, Kaldor fue profético cuando afirmó que pivotar un proceso de unificación europea en torno a la moneda causaría graves tensiones socioeconómicas entre los Estados del continente. A partir de entonces, decenas de economistas han venido denunciando la disfuncionalidad técnica de la unión monetaria europea (UME) y las características ordoliberales que ésta iba adquiriendo tras la aprobación del Tratado de Maastricht (1992) y del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (1997): independencia del Banco Central Europeo de los poderes públicos; parámetros insostenibles y ultraliberales sobre inflación, déficit y deuda pública; imposibilidad para los Estados de intervenir seriamente en la economía, etc. En resumen, ya desde los años noventa resultó evidente que la única política económica posible dentro de la UME era la neoliberal. Con el añadido de que, en los últimos quince años, se ha reforzado en la UE un sistema de gobernanza en manos de políticos y banqueros centrales no elegidos por nadie, y con un Parlamento Europeo sin poderes sustanciales para representar dignamente a los pueblos europeos y ejercer las funciones de un parlamento auténtico.

Pero aún más graves son los problemas políticos: la creación de la moneda única, fuertemente deseada por François Mitterrand y la clase dirigente francesa en los años 1989-1991 para sustraer el marco (y, por ende, para redimensionar) a la nueva Alemania reunificada [7], ha servido, paradójicamente, para aposentar una nueva hegemonía teutónica en el continente. Y ello gracias a la fijación del tipo de cambio, que solucionó el crónico problema de la apreciación del marco a causa de la fuerza exportadora de la economía alemana, y de una política de dumping social llevada a cabo por el gobierno de Gerhard Schröder (la famosa “Agenda 2010”), que se basaba en una presión sobre los salarios a causa de la cual —y a diferencia de lo que ocurría en los países del sur— los costes unitarios laborales se movieron a un ritmo casi idéntico al de la productividad; lo cual, sumado a una inflación que se mantenía más baja que la del resto de la UME por una demanda agregada anémica, impulsó de forma extraordinaria la competitividad alemana. En suma, el gobierno de Schröder realizó una auténtica devaluación interna, al tiempo que la llegada de capitales del norte, la mayoría de los cuales procedían de Alemania, carcomía las economías del sur, endeudándolas (para comprar los productos alemanes ahora ya más convenientes) y mermando su competitividad.

La historia de la crisis económica actual, que comenzó con la fallida de Lehman Brothers pero que en Europa se ha manifestado con mayor brutalidad por las dinámicas consustanciales a la UME, no ha sido otra que la paulatina transformación de lo que era una crisis de deuda privada y exterior en una crisis de deuda pública mediante el saneamiento de los bancos privados europeos con dinero de los contribuyentes. El caso de los primeros dos rescates de Grecia es paradigmático: a través del Fondo Europeo de Rescate, antes, y del Mecanismo Europeo de Estabilidad, después, los ciudadanos europeos han pagado rescates que, lejos de mejorar las condiciones de vida de los griegos, sólo han servido —como hoy reconoce hasta el FMI— para que el Estado griego devolviera sus deudas a los bancos franceses y alemanes. Como ha afirmado un agudo analista, la Eurozona se ha convertido en un “paraíso para los acreedores” [8].

 Y, añadimos nosotros, en un infierno para los deudores, o sea para unos países periféricos que se han visto obligados a equilibrar sus cuentas públicas y exteriores mediante medidas draconianas de austeridad y devaluación salarial; una política que, además de fracasar a la hora de reactivar el mercado laboral, tiene el grave inconveniente de profundizar la especialización en actividades y productos de menor productividad y valor añadido que requieren bajos niveles de cualificación de la fuerza de trabajo [9]

Dicho con otras palabras: el sistema del euro profundiza la actual división europea del trabajo, desplazando, en el caso de los países del sur, recursos importantes que deberían destinarse a un cambio del modelo productivo hacia sectores como el turismo y la construcción.

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SIRIA Y LA POLÍTICA DEL CRIMEN ORGANIZADO DEL CAPITALISMO


¿Quiénes deben responder por la ola migratoria?

Rebelión
11.09.2015


Siria, situada en un lugar clave del mapa medioriental y principal aliado de Irán, era hasta 2011 uno de los países más estables, cultos y prósperos del Medio Oriente, foco de resistencia al imperialismo y el sionismo y de la solidaridad con Palestina. Su ayuda material a Hezbolá había fortalecido considerablemente la capacidad militar libanesa para enfrentar las arremetidas de Israel.

Entonces estalló allí la guerra fomentada por Estados Unidos y sus aliados de Reino Unido, Francia, Arabia Saudita, Quatar y Turquía, que ha ocasionado ya un estimado de 8 millones de desplazados internos y el éxodo a países vecinos de 4 millones y medio de personas que malviven hacinadas en su mayoría.

La CIA y sus homólogos británicos y franceses entrenaron a los miembros de Al Quaeda (y demás grupos procedentes de Libia, Chechenia, Afganistán y otros países, incluso europeos), financiados y armados por las monarquías saudita y quatarí, y por Washington. Fueron los creadores de la tormenta perfecta de la que surgió el brutal Estado Islámico, que conquistó extensas zonas densamente pobladas de Siria e Irak, de donde ahora huyen ríos de gente.

Cuando comparamos la cifra de 130 mil que al fin ha decidido recibir la Unión Europa (UE) en los dos próximos años, sólo con la de millones de refugiados y desplazados sirios, nos percatamos del cinismo de la solidaridad de sus gobiernos y lo mezquino del pensamiento dominante en las llamadas democracias occidentales. Tómese en cuenta que en lo que va de año lograron llegar por mar a Grecia, Italia y Hungría 310 mil personas procedentes no sólo de Siria, sino de numerosos países de África y Medio Oriente. Por otra parte, se calcula que más de 600 mil sirios y afganos piden ser recibidos en Europa.

En cambio, el ejército mediático imperial ha informado la determinación europea de acoger aquella ridícula cantidad de refugiados como un gran acto altruista de la señora Merkel, la misma que mata lentamente a Grecia por asfixia y desangra a otras economías del sur de Europa en defensa de la democrática y bonachona banca alemana.

Ya en abril de este año François Crépeau, relator de la ONU sobre derechos humanos de los migrantes, declaró al diario inglés The Guardian, que los países ricos –no solo la UE– debían ponerse de acuerdo para acoger en cinco años al menos un millón de refugiados de Siria y África para terminar con la crisis migratoria y las tragedias en el Mediterráneo.

La propuesta de Crépeau es más generosa que la cifra de la UE. Suponiendo que esta la mantenga en años sucesivos, habrá acogido en 5 años a 325 mil migrantes; o sea, aproximadamente los mismos que ya están en su territorio en estaciones rodeadas de alambre de púas, amontonados en la isla griega de Lesbos, adonde siguen llegando oleadas, o tratando de cruzar las vallas militarizadas de Hungría, Bulgaria o Calais, calcos del infame muro levantado por Washington en la frontera con México. Por eso dudo mucho que quede resuelta la tragedia del Mediterráneo como afirma el funcionario de la ONU, aun cuando la Europa comunitaria llegara a recibir la cantidad que propone, el triple de la cuota actual.

Eso implicaría que la ola de migrantes hambrientos de África subsahariana se redujera a unos pocos cientos de miles para, sumados únicamente a los sirios, completar el millón de refugiados que propone el relator de la organización mundial. Muy insuficiente, considerando que la desertificación debida al cambio climático y la imposición de los dogmas del Consenso de Washington han arrasado con las agriculturas domésticas africanas, sostén de millones de familias ahora aglomeradas en las ciudades y casi siempre sin empleo; fenómeno con consecuencias muy graves de desintegración social e identitaria.

Como se aprecia, no son las guerras en Siria, Libia, Yemen y antes en Afganistán-Pakistán e Irak, pese a su alto costo en destrucción de condiciones para la reproducción de la vida, las únicas causantes de holocaustos como este, que ya ha matado en 2015 a más de 2 mil 650 humanos en el Mediterráneo. Ni únicamente involucra a la UE. Data de la colonización, del negocio esclavista, del neocolonialismo y de la extensión del neoliberalismo en el mundo. Por ese colosal saqueo los países ricos les deben una indemnización tan cuantiosa a sus víctimas que aseguraría su desarrollo económico y la solución definitiva del problema migratorio.
A Aylan Kurdi, símbolo del saqueo y la guerra imperialista

Twitter: @aguerraguerra


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viernes, 11 de septiembre de 2015

EUROPA, LA UNIÓN EUROPEA Y LAIZQUIERDA


LA IZQUIERDA Y LA NECESIDAD DE ABRIR UN SERIO DEBATE SOBRE EL EURO Y LA UNIÓN EUROPEA

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 Redacción de Mientras tanto
 Rebelión 04.09.2015

 Lector, lectora: A la hora de analizar la crisis griega de este verano —finalizada con la victoria del “No” en el referéndum del 5 de julio y la posterior, y sorprendente, aceptación por parte del gobierno de Alexis Tsipras del durísimo Memorándum que le presentó la Troika—, pocos han prestado atención al abandono de Yanis Varoufakis y James K. Galbraith de la propuesta que en su momento llamaron “Modesta proposición” y que estaba pensada para ofrecer una solución a la crisis del euro [1]. 

Hablamos de una propuesta técnicamente brillante y probablemente viable, pero que en ningún momento fue tomada en consideración por la Comisión Europea y los demás gobiernos de la zona euro. En una entrevista que concedió poco después del giro político de Tsipras, Varoufakis admitió que su dimisión como ministro de Finanzas (oficializada el día 6 de julio) se debió a la negativa de Tsipras de iniciar, como respuesta a la actitud hostil de la Troika, la creación de un sistema bancario paralelo a la moneda única en el que los pagos se pudiesen efectuar en dracmas [2]. 

Por su parte, Galbraith afirmó en una entrevista al diario italiano Il Manifesto que, en esos días de julio tan dramáticos, el gobierno, para hacer frente a la Troika, no tenía ninguna otra opción que el Grexit [3]. 

Y en otro artículo volvió sobre el asunto pidiendo al gobierno de su país que apoyase la salida de Grecia del euro como forma de supervivencia ante una UE que calificaba de “reaccionaria, mezquina y perversa” [4]. 

Ambos autores, pues, se habían dado cuenta de que era inútil presentar planes intelectualmente sofisticados a “socios” que no querían dialogar y cuyo único objetivo era tumbar a un gobierno helénico que se había atrevido a cuestionar la feroz (e inútil) austeridad; su sincero europeísmo se estrellaba ante un sistema de gobernanza ademocrático y hegemonizado por un gobierno alemán obsesionado con mantener su dominio político sobre el resto de la Eurozona. 

Y al tratarse de grandes intelectuales, los dos economistas no pudieron menos que aceptar la realidad y admitir, velis nolis, que para la izquierda se abría una nueva etapa basada en: A) el cuestionamiento de la moneda única y de la misma Unión Europea (Galbraith); B) cuando menos la necesidad de no descartar a priori planes alternativos, como la introducción de una moneda paralela al euro en caso de no contar con la colaboración de la Troika (Varoufakis). Desde luego, no fueron los únicos en llegar a esta conclusión. A partir de mediados de julio, muchos intelectuales radicales y progresistas —pensemos, entre otros, en Paul Krugman, Wolfgang Münchau y Oskar Lafontaine, pero también en Francisco Louçã, Ignacio Ramonet, Owen Jones y Perry Anderson— han pedido a la izquierda continental un replanteamiento general sobre su aceptación de la moneda única y su fe en el proyecto europeísta. 

Y, lo que es más importante, dentro de los mismos partidos de la izquierda se ha activado una discusión en torno a esta cuestión: Syriza se ha fracturado internamente y su ala izquierda, partidaria de la ruptura con la UE, ha fundado “Unidad Popular”, un partido que concurrirá por su cuenta a las elecciones generales griegas de septiembre; en Portugal, el Bloco de Esquerda se ha sumado al Partido Comunista en rechazar más sacrificios en nombre de la moneda única; en Italia, el problema del euro está bien presente en los debates sobre cómo volver a activar a la alicaída izquierda transalpina; y hasta en Alemania empiezan a surgir voces dentro de Die Linke que piden a sus dirigentes poner en tela de juicio el europeísmo históricamente profesado por la organización [5]. 

En definitiva, la crisis griega ha abierto en la izquierda europea un debate que será tan intenso como irreversible. 

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SALVADOR ALLENDE, UN HOMBRE EJEMPLAR

jueves, 10 de septiembre de 2015

ESPAÑOLIZAR CATALUÑA O CATALUÑIZAR A ESPAÑA


Camino a las elecciones catalanas del 27-S

La sociedad civil o el “régimen catalán”

Rebelión
09.09.2015

Hay algo que hace a Catalunya completamente distinta al resto de España: Catalunya es una sociedad de clases. Entiéndase, todas las sociedades modernas son sociedades de clases, pero Catalunya lo es en el sentido tradicional e industrial de la palabra, una sociedad amoldada al patrón de su burguesía local, al tiempo que rígidamente segmentada. A diferencia de Madrid en el que por debajo de la oligarquía se extiende el puré indiferenciado de las clases medias y de una amplia mayoría proletaroide más o menos excluida; o incluso del País Vasco donde la burguesía de Neguri siempre quiso ser parte de la gran oligarquía española, Catalunya se distingue por algo que apenas existe en otros lugares: una sociedad civil establecida, rica, omnipresente y aparentemente plural.

Sobre la sociedad civil se han escrito muchas y loables chorradas. La máxima, amén de la más corriente, es la que confunde la forma con el contenido; y asimila el concepto a las organizaciones culturales y sociales, sindicales y patronales que NO dependen del Estado. La teoría liberal más tontuna defiende que una sociedad civil desarrollada es la principal garantía de una democracia desarrollada. Digo “tontuna”, porque la sociedad civil se debería entender al revés, al modo de Gramsci, como lo que complementa y otorga capacidad de consenso a la sociedad política. De forma muy resumida: el mejor Estado es aquel que no existe, que se confunde con la sociedad civil. Se puede así invertir el orden del democratismo más ingenuo: las sociedades con una sociedad civil desarrollada son más estables, menos conflictivas, más pacificadas. Justamente es este “Estado más allá del Estado” lo que añade efectividad a la dominación política, donde se esconde y a la vez se ratifica el hecho de que haya dominantes y dominados.

Pero ¿vale esto para Catalunya, ejemplo arquetípico de “nación sin Estado”? ¿No sería la sociedad civil catalana un imposible “sin el Estado catalán”? He aquí la paradoja: gracias a la construcción de una extensa sociedad civil, la burguesía catalana ha sabido suplir la ausencia de un Estado con una sociedad-Estado. O en otras palabras, las élites catalanas han conseguido gobernar de facto ese país (la Catalunya-nación con aspiraciones de Estado o de cuasi Estado) por medio de una amplia y extensa “sociedad civil”, y esto aun cuando no poseían todas las instituciones de un Estado completo. Así ha sido al menos desde mediados del siglo XIX, desde que la sociedad catalana se partiera en dos (o en tres o en cuatro) dando lugar a alguno de los episodios europeos más abroncados de la lucha de clases.

Traducido a términos más actuales: lo que hoy presenta Mas con su lista Junts pel Sí se podría interpretar como una inversión (muy 15M) de la sociedad civil sobre la sociedad política. Agotada esta última por la escalada de casos de corrupción, el desgaste de llevar a cabo un política de expolio neoliberal (y a favor de las élites catalanas) y una oleada de protestas que se les ha ido demasiadas veces de las manos, la estrategia de Mas ha consistido en poner a la sociedad civil delante de la clase política, una estrategia que no está a disposición de, por ejemplo, la oligarquía española. Paradójicamente también, la exigencia del Estado propio (por timorata y teatral que sea) se ha convertido en solución a la crisis de la sociedad política catalana, esto es, de su clase política.

Se trata de una estrategia brillante y nada fácil de derrotar para aquellos que apuestan por una ruptura en Catalunya (sean o no independentistas). Al igual que la cultura, que sirve para recubrir (y con ello justificar) lo políticamente injustificable, la sociedad civil es per se sinónimo de democracia y de “progresividad”. Nadie osa desafiar a la sociedad civil catalana. Y si no, fíjense hacia donde apunta la política de cambio radical en Catalunya. Sus objetivos suelen ser la monarquía, el PP, la banca, España, pero en ningún caso la sociedad civil catalana. Por ese efecto, lo que esta sociedad civil toca (los Mas y Convergència) tienen una suerte bula “radical” que en otros lugares jamás tendrían.

Frente al “efecto hegemonía” de la sociedad civil catalana, no cabe un camino sencillo. Hasta ahora se han vislumbrado (más que probado) dos vías. La primera, la más conocida, es la de las CUP. Llevando un poco más lejos la interpretación, se podría decir que las CUP juegan a “estirar el Estado catalán”. De un lado, estiran el soberanismo hasta tratar de reventar los límites de las élites catalanas. De otro, estiran la sociedad civil catalana para recrear por abajo una suerte de contraespejo de la misma. Se trata de un trabajo meritorio y a largo plazo. Las CUP, del mismo modo que los llamados movimientos sociales, reivindican la construcción de ateneus, cooperativas y sociedad de base. Se trata de un tejido social que aunque más plural y complejo que las CUP, tiene en estas y en algunos movimientos su expresión política más acabada. La apuesta parece pasar por una inversión del proyecto de fer país de Pujol, un país hecho desde abajo, por abajo, que trataría de invertir el reflejo de la sociedad civil catalana en una contra-sociedad.

La operación de “estiramiento” no está, sin embargo, exenta de límites y también de riesgos. El más evidente es que este tejido es una alternativa a la hegemonía de las élites catalanas sólo en el caso de que no sea absorbido o no se deje asimilar por la sociedad-Estado, esto es, sólo en el caso de que se constituya como contrapoder. El nacionalismo (aún más que el soberanismo) tiende, sin embargo, a ser disfuncional a la constitución de contrapoderes, y esto precisamente por su estatismo. El nacionalismo (e igual da español, catalán o vasco, dominante o dominado) exige siempre una vinculación con el Estado, con la voluntad de Estado, lo que genera inevitables operaciones de identificación y exclusión interna; y lo que es peor, la asunción de la máquina estatal como algo neutro (algo hasta cierto punto paradójico con su constitución como monopolio efectivo del poder). Esto es lo que la hace incompatible al Estado con la idea de democracia (y contrapoder) en tanto reparto-disolución del poder entre los dominados. Sería largo de explicar, pero podríamos reducir la cuestión al debate reiterado de si el procés es la tumba de las élites catalanas o la vía de su recomposición. Caso de que este último fuera el resultado, y todo apunta a que así será, las CUP serían sólo el ala izquierda de una dinámica en la que definitivamente son un sujeto subordinado.

La otra vía no tiene definición política clara, apenas existe como intuición. Para tratar de entenderla hay que partir de otra distinción. La sociedad civil no es la nación, ese abstracto en que se trata de incluir a todos los que “viven y trabajan en Catalunya”, sino algo mucho más reducido. Se podría decir que la sociedad civil catalana es la nación catalana tal cual es, y no tal y como pretende ser. Y esto implica exclusiones y sobre todo grados de pertenencia. Tómese los indicadores que más gusten (abstención electoral, relación con medios de comunicación o la simple observación cotidiana) y se verá que en la sociedad catalana, como en todas las sociedades europeas, existe una inmensa minoría desafecta a casi todos los “rituales de Estado”. Esto no tiene nada que ver con el españolismo (por mucho que se quiera vincular con el mismo): existe un amplio sector social que no ha sido alcanzado por ninguna estrategia de integración política, incluida la propia sociedad civil catalana, y que sistemáticamente se expresa con porcentajes de abstención cercanos al 50 %. Sobre su composición se puede decir que es mayoritariamente metropolitana, pobre, de perfil migrante o de hijos de migrantes (aunque ni mucho menos de forma absoluta), heredera de las derrotas históricas de todas las izquierdas, y de una clase obrera hecha trizas y convertida en un deshecho laboral y urbano. ¿A nadie la sorprende que la emergencia política (parcial y delegada pero real) de este sector social en los últimos 30 años haya venido de la mano de un xulo madrileny, de un nuevo Lerroux? Conviene recordar que sin el voto de una parte de ese segmento social no hubiera habido gobierno de Barcelona en Comú.

Si admitimos esta doble vía, sobre la base de un análisis al mismo tiempo social y político (un análisis propiamente de clase) se reconocen dos sujetos. De una parte, aparece una clase media joven, con credenciales universitarias relativamente proletarizada y autoorganizada en las CUP pero también en una pléyade de movimientos sociales de los que ha salido Barcelona en Comú; y, de otra, los “restos del proletariado” que ya no es clase industrial, que apenas tiene inserción en el mercado laboral sino como residuo y que es mayoritariamente desafecto a la política institucional (catalana, española o europea). La gran incógnita de este inmenso espacio social es cuál o cuáles pueden ser sus formas de expresión política, dentro de un marco que puede bascular desde la resistencia de lo que queda del movimiento vecinal hasta el voto a Podemos, pero que para consolidarse requeriría de medios de expresión propios y de formas de organización autónoma. Caso de que se aceptara este marco, la llamada ruptura tomaría formas algo distintas que la independencia de España, con toda su teatralidad y sus efectos de restauración del orden, para anclarse sobre la base de un proyecto político a construir, y cuya base sería lo que con términos viejos llamaríamos una alianza de clases.

Catalunya tiene un mérito indudable y que todos debemos agradecer: ha sido el laboratorio de la crisis del régimen político español. La incógnita que queda por despejar, y es que sin darle una buena patada a la sociedad civil catalana, todo apunta a que será también el laboratorio de su recomposición.

Emmanuel Rodríguez, miembro de la Fundación de los Comunes.

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miércoles, 9 de septiembre de 2015

REFUGIADOS; NO DEBEMOS LEGITIMAR CON NUESTRO VOTO A NINGÚN GOBIERNO NI A JEFES DE PARTIDOS POLÍTICOS CRIMINALES


Los gobiernos europeos y la dictadura siria de Al Assad son responsables de las muertes de miles de refugiados, como el niño Aylan Kurdi

UIT-CI
Rebelión
09.09.2015

Comunicado de Unidad Internacional de Trabajadores-Cuarta Internacional


El mundo entero quedó consternado con la foto del niño sirio llamado Aylan Kurdi, de tan solo 3 años, el pequeño murió al lado de su hermano y de su madre, el único superviviente de la familia fue su padre. Ellos venían de la ciudad de Kobane y huían de las atrocidades del régimen de Bashar Al Assad de Siria, de los bombardeos de la OTAN y del reaccionario ISIS, que surgió como otra fuerza en Siria para destruir la lucha del pueblo sirio y kurdo.

La familia estaba intentando llegar a Canadá, donde tenían familiares. Habían intentado varias veces el asilo en este país, lo que le fue negado. Lo mismo ocurre con los gobiernos imperialistas de Europa. Lo ocurrido con el niño Aylan es parte del drama cotidiano de miles de inmigrantes y refugiados que mueren o arriesgan sus vidas cruzando el Mediterráneo.

Los gobiernos europeos levantan muros, vallas y "blindan" sus fronteras con policías, militares, patrulleras, expulsiones y leyes de extranjería. Mientras dejan correr, de hecho, a la dictadura de Al Assad que es una de las causas de que miles de sirios escapen de sus bombardeos masivos y ataques químicos. El cinismo de los gobiernos de la Unión Europea(UE), de Merkel u Hollande, no tiene límites. Se acuerdan de la guerra cuando las consecuencias les llega a Europa. Son los mismos gobiernos de la OTAN que hoy cierran sus fronteras los que apoyan directa o indirectamente al dictador Bashar Al Assad y sus masacres que ya suman 300.000 víctimas. Los refugiados provienen de Siria y, en menor medida, de Afganistán, Irak, Eritrea y otros países africanos. Se tratan de miles y miles de jóvenes, trabajadores, familias que huyen de la violencia, la persecución o la miseria que le imponen la crisis económica y social del sistema capitalista-imperialista.

Para la UE sólo se trata de levantar muros, de abordar la inmigración como un problema de orden público. Cada muro que se levanta en Europa abre un nuevo negocio para las mafias, que se lucran de la desesperación. Su "mercado" es inagotable. La mejor manera de luchar contra los traficantes es abrir las puertas a la entrada legal de los refugiados y acabar con el tratado de Schengen y las leyes de extranjería, es poner fin al expolio, es dejar de avalar y armar a los tiranos.

Los pueblos europeos, a diferencia de sus gobiernos, están dando una demostración de solidaridad con los refugiados. La población de Islandia ofrece asilo en sus casas a los refugiados, el pueblo serbio da solidaridad abierta en Belgrado o la movilización de 30 mil personas en Viena (Austria) expresando su solidaridad y disposición a que se abran las fronteras a los inmigrantes. Es urgente abrir todas las fronteras de Europa permitiendo y facilitando la libre circulación de los miles de refugiados, otorgando asilo, vivienda y trabajo a cada uno. Se les debe prestar asistencia para escapar de sus países de origen y que no mueran en el intento. Esta exigencia es extensiva a los gobiernos del mundo, cesando inmediatamente el apoyo a las dictaduras como la de Siria y las intervenciones imperialistas y del reaccionario ISIS. Por todo esto debemos denunciar a los gobernantes de Europa y de Estados Unidos que vienen condenando a muerte a miles y miles de refugiados y dar apoyo a los refugiados y a la lucha del pueblo sirio. Llamamos a la movilización de los pueblos, de los trabajadores y la juventud del mundo, a las organizaciones de trabajadores y solidaria con los refugiados, a enfrentar las políticas de extranjería de los gobiernos y contra el régimen de Al Assad y el ISIS, en solidaridad con el pueblo sirio.

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RESPONDERÁ DE ESTAS MISERIAS Y SUFRIMIENTOS ALGÚN POLÍTICO, BANQUERO, RICACHO, PETROLERO, FABRICANTE DE ARMAS O EL MINISTRO DE ARMADO ESPAÑOL SEÑOR MORENÉS?


Los refugiados sirios y la mano negra de la CIA

Rebelión
Sputnik
09.09.2015


El éxodo de miles de personas no sólo cruza ya el Mediterráneo en barcos ruinosos, botes inseguros y balsas rudimentarias sino que además, en los dos últimos meses, ha comenzado a llegar desde Turquía a través del continente en una ruta marcada por la desesperación.

© REUTERS/ MARKO DJURICA


Los inmigrantes forzados tienen que cruzar cinco países —Grecia, Macedonia, Serbia, Hungría y Austria- hasta alcanzar la anhelada Alemania. La enorme mayoría de ellos procede de Siria, pero también hay oriundos de Irak, Eritrea o Afganistán. El flujo es incesante. Estremecedor. En ocasiones mortífero. La afluencia a las islas griegas del Mar Egeo contiguas a las costas turcas ha sido un 327% mayor que en 2014, según los datos de la policía de Grecia. Sólo en el mes de julio, el número de inmigrantes que han cruzado las fronteras de la Unión Europea ha llegado a los 107.500, triplicando la cifra que se produjo el año pasado. En junio ya fueron 70.000 y se espera que en agosto se alcance un nuevo récord alarmante.

Pero, ¿por qué se ha acelerado precisamente ahora este proceso migratorio? ¿Por qué no se ha dado antes, meses atrás, por ejemplo en primavera, teniendo en cuenta que la guerra civil siria cumple cinco años? ¿Qué circunstancias han confluido para que ocurriera este desastre? ¿Acaso no es una crisis inducida desde el exterior? ¿Qué papel está jugando la Unión Europea? ¿Y Estados Unidos?

Este caos migratorio no es nada casual. Es fruto de un contexto geopolítico muy concreto. Veamos cuál es.


© REUTERS/ UMIT BEKTAS


Turquía da cobijo a 1,9 millones de refugiados sirios, de los 4 millones que han abandonado su patria desde que empezó el conflicto armado en marzo de 2011. Desde entonces el Gobierno de Ankara se ha gastado 4.000 millones de dólares en atender sus necesidades básicas. Más de 250.000 de esos refugiados viven en 23 campamentos mantenidos por las autoridades. El resto vive fuera de esos campos, en comunidades que se extienden a lo largo de la frontera turco-siria. En la región, 1,1 millones de refugiados se encuentran en Líbano, 629.000 en Jordania, 249.000 en Irak y 132.000 en Egipto.

Hasta junio los desplazados empleaban preferentemente la ruta marítima. Se embarcaban en Libia o en Túnez e intentaban cruzar los kilómetros de mar que les separan de la isla italiana de Lampedusa. Pero esa tendencia ha cambiado. Ahora los que huyen del horror y el hambre son capaces de llegar hasta Bodrum, en el oeste de Turquía, y pasar a Kos, ya en territorio de Grecia. Es decir, disfrutan de mayor libertad de movimientos gracias a las organizaciones criminales que trafican a personas y que actúan en connivencia con guardias de fronteras y policías corruptos.

 © AP PHOTO/ ALEXANDER ZEMLIANICHENKO


¿Qué ocurrió en julio? Pues que, después de meses de presiones ejercidas por Estados Unidos, Turquía decidió tomar un papel mucho más activo en la lucha contra los radicales del Estado Islámico (EI) que combaten al presidente sirio Bashar Asad. En concreto, aceptó que el Pentágono pueda utilizar la estratégica base militar de Incirlik para bombardear objetivos de los yihadistas. A principios de agosto hasta allí se desplegaron seis cazas F-16 de la USAF, la Fuerza Aérea norteamericana. En julio también se produjo la primera ofensiva aérea de los propios turcos que empiezan a ver amenazada su seguridad e integridad territoriales. Paralelamente, la cercanía de los combates a varias aldeas fronterizas provocó nuevas oleadas de refugiados.



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¿Quién es el responsable directo de este inusual fenómeno migratorio hacia Europa? Algunos apuntan a la CIA y sus filiales. La última voz ha sido un miembro anónimo de los servicios de información austriacos que desveló a la revista austriaca Direkt que organizaciones estadounidenses pagan a los grupos mafiosos para que transporten al día a miles de inmigrantes rumbo al Viejo Continente.

Sin desvelar su identidad, la publicación dio la palabra a un agente del Abwehramt (AbwA), los servicios secretos militares de Austria, quien explicó que los traficantes de personas piden de media entre los 7.000 y los 14.000 euros para organizar los viajes ilegales. Poco les importa que a veces terminen de forma trágica como demuestra el hecho de que recientemente se encontrara un camión frigorífico con 70 cadáveres en su interior, abandonado en una autopista de Austria.

"Disponemos de indicaciones que demuestran que organizaciones de Estados Unidos han creado un sistema de cofinanciación y contribuyen de forma sustancial a pagar los gastos del viaje. La mayoría de los candidatos refugiados pagarían 11.000 euros en especie. ¿Nadie se pregunta de dónde viene el dinero?", declaró el agente, para quien la estrategia consiste en inundar Europa de inmigrantes.

La CIA, que entrena y arma a los rebeldes sirios, ya nos tiene acostumbrados a emplear ONG de aspecto inocente para llevar a cabo sus operaciones encubiertas o clandestinas. El caso más claro tiene nombre y apellidos: la Fundación Nacional para la Democracia o National Endowment for Democracy (NED), nacida en la era de Ronald Reagan y cuyos tentáculos se extienden por América Latina y Europa del Este.

¿Y cuál ha sido la respuesta de Europa? Lenta y desunida. Como casi siempre.


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La Unión Europea ha estado mirando durante mucho tiempo para otro lado en lo que se refiere a la tragedia siria. Y su pasividad ha sido otro factor desencadenante. La crisis migratoria ha motivado que Alemania y Francia busquen la entrada en vigor cuanto antes de un sistema europeo unificado de derecho de asilo que restrinja los criterios de entrada; quieren que Italia y Grecia abran de inmediato los centros de refugiados; y reclaman que el resto de los países europeos, especialmente Reino Unido, asuman su parte de responsabilidad en la acogida de refugiados. La cuestión no está nada madura pues plantea una cuota de refugiados dependiendo de la capacidad de cada país, y eso no gusta a varios gobiernos. La idea necesitará sin duda la aprobación en un Consejo Europeo extraordinario que ya ha sido convocado de forma implícita por la canciller germana Angela Merkel.

La magnitud de la crisis migratoria ha tenido su colofón a mediados de mes cuando Macedonia declaró el estado de emergencia y cerró su frontera meridional durante dos días. La policía y el Ejército utilizaron armas de fuego para impedir la entrada de refugiados. En Serbia se produjeron malos tratos, devoluciones "en caliente" y detenciones ilegales. En Hungría, que forma parte del espacio Schengen (sin fronteras interiores) y está terminando una valla de 175 kilómetros a lo largo de la frontera con Serbia, ha aumentado la xenofobia reinante. Igual que en Alemania, que sufre la peor ola de racismo desde su reunificación en 1991.
 




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MARIANO RAJOY. A MI ME ATERRORIZA USTED Y SUS AMOS DE A, ANTE, BAJO,CON Y CONTRA QUE LE MANDAN LA FORMA EN CÓMO Y QUÉ HA DE ROBARNOS

La falseada cuestión de los “migrantes” y refugiados que llegan a la UE

Rebelión
Alainet
09.09.2015

Las reacciones que las olas migratorias de refugiados provenientes del Oriente Medio, de Siria y otros países, están causando en los países de la Unión Europea (UE) confirma que las elites europeas nada aprendieron de su propia historia pasada y reciente, y que por esa razón son incapaces de pensar y proponer soluciones a problemas cruciales que afligen y afligirán a esa región. 

Nada aprendieron estas elites de las consecuencias de las políticas coloniales e imperiales en los pueblos de los otros continentes, ni en sus propios pueblos. 

La rigidez del “patrón oro” y el liberalismo a ultranza que lanzó una rebatiña imperial y condujo a la Gran Depresión, al fascismo y a la segunda Guerra Mundial es reproducida en el euro, que está provocando depresiones económicas y disolución social en Grecia y otros países de la UE con deudas impagables. 

Tampoco aprendieron las lecciones del pasado de que no hay que coquetear con el fascismo, como muestra el apoyo (sin problema de consciencia) al régimen oligárquico-fascista en Ucrania que está llevando a cabo la política anti-rusa de Washington. 

Porque nada aprenden, para seguir la misma política, es que no quieren ver que los flujos de refugiados que llegan a las costas de Grecia o Italia, después de haber dejado una espantosa estela de náufragos y muertos en el Mediterráneo, son el producto directo de las políticas de países de la UE y de Estados Unidos (EEUU), de la creación de extremistas y fanáticos religiosos para luchar contra la Unión Soviética en Afganistán y luego en Chechenia, y muy particularmente de las agresiones militares que destruyeron a los regímenes seculares en Irak y Libia, y que están desestabilizando y destruyendo la economía y la sociedad secular en Siria. 

Tampoco estas elites neoliberales quieren recordar que histórica y repetidamente las grandes potencias europeas y EEUU han impedido, en beneficio de sus empresas monopolistas y de sus objetivos geopolíticos, que hubiera un desarrollo socioeconómico autóctono en los países del Oriente Medio, de África y Nuestra América, como desde los años 60 y 70 los países reclamaban los países No-Alineados al proponer en la ONU la creación de un Nuevo Orden Económico Mundial. 

Los países del imperio, porque así debemos llamarlos, siguen sin cambiar sus políticas, como se ha visto recientemente en las abstenciones y oposiciones en la ONU, a partir de la propuesta argentina, para crear un marco internacional destinado a una más justa y segura renegociación de las deudas soberanas (1). 

De nuestro lado, en los países de América, sí conocemos muy bien las causas de los flujos de migrantes porque desde hace ya dos siglos hemos estado del lado “receptor” de esas migraciones que trajeron a nuestros países a millones y millones de europeos huyendo del hambre, de las guerras y las persecuciones políticas, de las periódicas y destructivas crisis económicas del capitalismo. 

Y antes de esas migraciones bien definidas de los siglos 19 y 20 fueron las potencias coloniales europeas que trajeron a nuestro Continente a millones de africanos esclavizados para que trabajaran como bestias en las plantaciones (si no trabajo me matan, y si trabajo me matan, como decía Nicolás Guillen), y eso tampoco parece formar parte de la consciencia europea cuando se habla de movimientos masivos de población, de migraciones forzadas, prefiriendo en muchos casos seguir viendo esa sanguinaria etapa que marca la historia de África como la época en que el “hombre blanco” europeo “llevaba sobre sus espaldas la pesada carga de la civilización al Continente africano”. 

Y no hablemos de la era colonial en la cual las potencias europeas y EEUU causaron tanto daño y destrucción social en los países de América, en particular en las sociedades de los pueblos originarios. Ni mencionemos lo que esas políticas neocoloniales e imperiales siguen causando en nuestros pueblos, en las heridas nunca cicatrizadas que aun tenemos, desde Las Malvinas hasta Puerto Rico. 

Y a pesar de eso, o quizás por todo eso, la hermandad de los pueblos forjada durante las luchas por la independencia nos enseño a evitar las guerras entre nuestros pueblos, y las que hubo (preguntemos a los paraguayos) fueron bien preparadas por los intereses extranjeros y llevadas a cabo por los cipayos criollos, que aun no hemos erradicado. 

Y aunque todavía tampoco hemos erradicado el racismo y los políticos racistas de nuestros países, es el masivo mestizaje y el despertar de los pueblos originarios lo que caracteriza la historia reciente de muchos países de Nuestra América.

La revolución dirigida por Fidel Castro que creó la actual sociedad cubana nos mostró la dirección para estar en la vanguardia de una humanidad que se proclama pacifista, que busca resolver los problemas mediante el diálogo y no las armas, que brega por el progreso sin exclusión social, que lucha contra el racismo. 

Las elites políticas e intelectuales del imperio capitalista deben asumir el pasado de toda una historia que, desde hace cientos de años, estuvo basada en imponer el capitalismo mediante guerras, invasiones, colonización, esclavización y destrucción de pueblos en varios continentes. 

Lo que tampoco quieren ver, las elites del imperio, es que las migraciones forzadas, de refugiados por los conflictos militares o la falta de medios de subsistencia que llegan a las costas europeas o a la frontera sur de EEUU, seguirán existiendo e irán aumentando a menos de que se ponga fin a las actuales políticas económicas y militares. 

Pero, y esto lo sabemos, la naturaleza del sistema capitalista actual no admite cambios. En lugar de solucionar los problemas los irán agravando, en el exterior y hasta en sus propias sociedades, como ocurre en las etapas finales de las decadencias imperiales. 

A la vista de todos, la UE practica ahora la rapiña colonialista en el interior de sus fronteras, como muestra el caso de Grecia. En este contexto y recordando que el imperialismo todo lo resuelve bombardeando, es difícil anticipar cambios reales, pacíficos y destinados a hacer que nadie, en el Oriente Medio o en África, tenga que arriesgar la vida para migrar o pedir refugio.

A nadie le gusta emigrar si vive en una sociedad pacífica, organizada, con una cultura incluyente y una economía al servicio de los intereses generales de la población. Esa verdad la escuchamos de las bocas de nuestros abuelos que venían de Italia, de España, de Alemania, Polonia y demás países europeos, y que llegaban a Nuestra América expulsados por la pobreza, las crisis económicas, las guerras y persecuciones religiosas, étnicas y nacionales que han jalonado la historia europea. 

Alberto Rabilotta es periodista argentino-canadiense.


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