jueves, 1 de mayo de 2014

ELECCIONES EUROPEAS: NI UN VOTO AL PSOE NI UN VOTO AL PP




Las mentiras de Mariano Rajoy no son nuevas. Y no es que sean solamente viejas, sino que nos sigue mintiendo a todos los españoles, a sus votantes tambien. Y que Mariano Rajoy y su gobierno mienta no significa que no haga lo mismo el PSOE, aunque con otras palabras.
Son los dos partidos políticos principales en los que se basa el actual Estado español, corrupto por los cuatro costados, desde la Jefatura del Estado al último monigote, por tanto, nada hay de extraño en que tanto PP como PSOE.
No es que mienta el PP cuando se empeña en que a la economía le salgan brotes verdes para poder engañarnos y que se le vuelva a votar, es que la crisis esta no tiene solución dentro de los parametros capitalistas, y todo cuanto se haga por "salir" de ella no será sino empeorar las condiciones de vida de la inmensa mayoría de la sociedad.

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'The Economist' desmonta la pachorra de Rajoy

ELCONFIDENCIAL.COM
22.04.2014
Ha pasado desapercibido el último número de The Economist. Quizás porque su publicación ha coincidido con una Semana Santa en la que esa España que iba a suprimir los puentes y acueductos ha vuelto a poner el cartel de "Cerrado por vacaciones"; quizás porque su brillante portada en la que el oso ruso amenaza con devorar Ucrania invitaba a pensar que había poco que rascar en su interior más allá de la amplia cobertura de ese conflicto.
Error.
Ya en sus páginas editoriales, el semanario se despacha con un taxativo mensaje de cautela sobre la deuda soberana de la Europa periférica, impulsada en los últimos meses –mayor precio, menor rentabilidad– bien por la expectativa de una acción adicional por parte del BCE, bien por la búsqueda desesperada de rentabilidad de determinados inversores o, incluso, por el temor a una deflación estructural en la Eurozona de la que tanto hemos hablado por aquí y que cada vez copa más portadas en los medios de comunicación (The Economist, "Don´t go potty on the periphery", 19-04-2014).


Tipos de mercado a niveles históricamente bajos en algunos casos no son para la publicación garantía de "mayor inversión o crecimiento más acelerado" en estas naciones, sino una muestra palpable de que las cosas no van según el guion previsto. No en vano, los tipos reales, que son los que determinan las decisiones de inversión de cualquier agente económico –al ser la inflación el retorno mínimo que se debe exigir para mantener el poder adquisitivo–, siguen en el mismo lugar que cuando la renta fija española se pagaba al 5%, 200 puntos básicos por encima de donde transita actualmente. Siguen siendo de los más altos del mundo desarrollado. De ahí su atractivo.
Cuidado con hacernos trampas en el solitario, viene a decir.
Añade, además, una advertencia complementaria. No se puede tomar a la ligera el rápido repunte de los niveles de endeudamiento público sobre la riqueza de estados como el español. Cualquier aumento del PIB por debajo del coste de la deuda genera un efecto perverso sobre las cuentas de la Administración que se traduce tanto en un incremento orgánico de sus necesidades financieras como en un mayor peso de los intereses de sus emisiones en los presupuestos, obligando de este modo a nuevos ajustes para mantener controlado el déficit. El círculo vicioso queda cerrado (FT, "Eurozone peripheral nations see interest bill climb", 20-04-2014).
Deuda cara -ajustada por el coste de la vida- y excesiva -en términos de producto interior bruto- son malos argumentos según el medio británico para concluir que todo lo que había que hacer ya se ha completado. No en vano, "los gobiernos de estos países han sido más bien torpes y reformas estructurales como la liberalización del mercado de trabajo o la desregulación de determinadas industrias protegidas carecen de la radicalidad suficiente como para acelerar su crecimiento". Y sin este, dada la inelasticidad del gasto público a la baja sin una revolución de las prestaciones asociadas al Estado del bienestar -como prueba este estudio del profesor Martínez Abascal del IESE- ¿cómo van a repuntar los ingresos fiscales?


La esperanza en el BCE, volvemos al principio, es para The Economist vana. La actuación de Draghi "se parece más a la del Japón de 2000 que al de 2014, cuando el BoJ se ha convertido en pieza indispensable para el Ejecutivo nipón en el desarrollo del llamado Abenomics"; viva la independencia del banco central. Hasta ahora, el juego de la retórica (el "whatever it takes") le ha funcionado al italiano de lujo, hasta el punto de haber actuado como balsa salvavidas para el euro y la Unión Europea. Sin embargo, cuando se aproxima el momento de la verdad, no cabe esperar del supervisor regional sino "pequeños y cautelosos pasos, como la introducción de una tasa negativa a los depósitos de la banca comercial en su balance", concluye. Poco parece.
Ya ven. No todo el mundo compra la rosy picture que algunos, en su papel sin lugar a dudas, nos intentan vender. Prometer crecimiento y empleo no se debe limitar a un ejercicio voluntarista de corto plazo, sino que debe formar parte de un plan. Una estrategia que es la que a día de hoy, y más conforme se van acercando los sucesivos procesos electorales, no se percibe. Es verdad que, como veíamos en el cuadro anterior, de los barros de 2008 y 2009 vienen estos lodos, pero el mensaje que irresponsablemente comienza a generalizarse es que estamos al principio del final cuando es justamente lo contrario. Hora de echar el freno es la consigna. Uffff.
Sólo les digo una cosa: España no aguantaría un nuevo pull-back. Lancemos las campanas estadísticas al vuelo, generemos toda la confianza necesaria e incluso más, pero sigamos avanzando por el camino de la racionalidad, de la adecuación de nuestra economía pública y privada a sus posibilidades reales vía reformas y ajustes, en la búsqueda no del menos, sino del mejor. No podemos regodearnos en la complacencia, que queda casi todo por hacer. Ahora no. En caso contrario, acuérdense de lo que les digo: más dura será la caída.
Feliz rentrée a todos.

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sábado, 26 de abril de 2014

¿EL JUEZ ELDIPIO SILVA ESTA LOCO COMO QUIEREN PRESENTARLO LOS PODERES ESTABLECIDOS, O ES UNO DE LOS ENEMIGOS REALES CONTRA LA CORRUPCIÓN DEL SISTEMA Y POR ESO LO QUIERE ELIMINAR EL PROPIO SISTEMA?

JUICIO POLÍTICO "SUMARÍSIMO" NEO MILITAR CONTRA EL JUEZ SILVA

 

El juez payaso y los jueces serios

El TSJM confirma que hay indicios para juzgar al juez Silva por prevaricación
Foto: EFE

Parece que uno no puede decir una sola palabra sobre el proceso judicial contra el juez Elpidio Silva, sin dar antes los obligados gritos de rigor: “yo critico el proceso, sí, pero menudo pájaro es Elpidio, un payaso, un egocéntrico delirante, una estrella de tertulias televisivas, un ambicioso que se ha montado un partido a su medida para ir a las elecciones…” Sin añadir todo eso, y algún chiste de propina, no parece posible criticar la doble velocidad de la Justicia con Blesa y con Silva.

Pues perdonen, pero yo no lo voy a hacer. Por varios motivos. Porque no toca, porque lo importante ahora no es si Silva es o no un payaso. Y porque, aunque fuese cierto todo lo anterior, Silva no sería el único payaso de este circo, ni su ego es el más desarrollado en comparación con otros, ni es el único que saca petróleo de cada minuto televisivo; y sus ambiciones políticas no son ni más ni menos legítimas que las de otros que también buscan protagonismo recurriendo a todo tipo de tretas.

Pero además porque, si de justicia e impunidad hablamos, a mí me da igual que se trate de un pobre payaso o un brillante pensador, un santo o un canalla, bondadoso o maquiavélico.

Todos nos hemos echado unas risas viendo el juicio estos días, vale. Pero eso no puede distraernos de lo fundamental: que Elpidio Silva está en el banquillo, y lo han sentado dos de los mayores granujas de nuestra historia reciente: Miguel Blesa y ¡Gerardo Díaz Ferrán!, que pretenden su muerte judicial y civil de por vida, además de una indemnización abultada.

El juez puede ser excéntrico, sí. Pero lo realmente excéntrico es ese momento en que Miguel Blesa, el hombre que estafó a cientos de miles de ahorradores, y puso la primera piedra de esa ruina galáctica que se llama Bankia, se sienta como testigo y dice que el juez dañó su prestigio (y de paso la buena imagen de Díaz Ferrán), mientras varios estafados por sus preferentes son expulsados de la sala y amenazados de multa. Pocas imágenes resumen tan bien el estado de nuestra justicia, ese paraíso de la impunidad que acaba de describir el Fiscal General del Estado con palabras durísimas.

A mí me importa poco si el juez Silva grita, gesticula, le busca las vueltas a las leyes o despide a su abogado para ganar tiempo. Está en su derecho, está defendiéndose, y cuando uno está en el banquillo puede intentarlo todo, incluso mentir. En todo caso, su estrategia de defensa me parece hasta cándida comparada con la forma en que los prestigiosos abogados de los grandes corruptos retuercen procesos judiciales para apartar jueces, dilatar instrucciones o lograr nulidades.

Ya sé, la ley es la ley, y si el juez hizo una instrucción llena de irregularidades como señalan algunos, debe someterse a la justicia. Pero el proceso contra Silva tiene demasiadas zonas de sombra, toda la pinta de una persecución para apartar cuanto antes a un juez que se metió donde otros pasaban de largo. Para excentricidad grande, que en un caso como este intervenga una juez que fue concejal del PP y tuvo cargo en Bankia. Si yo estuviera en el pellejo de Silva, y sintiera que van a por mí sin respetar las reglas de juego más elementales (como bien explica aquí Gonzalo Boye), por supuesto gritaría en la sala, me declararía indefenso, y hasta me quemaría a lo bonzo en medio de la sala.

Insisto: me da igual si es o no un payaso, eso no es lo importante en este momento, no nos distraigamos. Para lo que está en juego, el juez payaso lo estaría siendo a la manera de aquellos bufones que, al no ser tomados en serio, eran los más libres del reino, los únicos capaces de hacer visible la desnudez del emperador.

Si Elpidio Silva con su lengua fácil es un payaso, es un payaso inofensivo. A mí los que me dan miedo son todos esos otros jueces y fiscales tan formales, tan serios, tan correctos, tan de media voz, que con su formalidad mantienen intacto e impune un sistema que cada día apesta más.

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