Europa se inventa un plan B
para Groenlandia
Diario octubre / enero 18, 2026
Al ser
preguntado sobre la posibilidad de una intervención militar de Estados Unidos
para apoderarse del territorio danés, el ministro dijo que la Unión Europea
había previsto todos los escenarios, incluido el más grave. Si bien consideró
improbable una ofensiva militar directa entre los propios miembros de la OTAN,
sus palabras subrayan las batallas internas a causa de las pretensiones
territoriales de Estados Unidos.
Las
declaraciones de Francken ante la televisión marcan un punto de inflexión en
los países europeos, rompiendo con la habitual cautela diplomática para abordar
directamente una crisis que hasta ahora parecía impensable. Al afirmar que el
ejército belga cuenta con una alternativa estratégica lista para ser activada,
el ministro quiere aparentar que Europa tiene alguna baza que jugar.
El ejército
belga ha enviado un único oficial a Groenlandia, y poco más puede hacer por la
isla. Europa, reconoció el ministro, no puede derrotar militarmente a Estados
Unidos en una guerra por Groenlandia. “¿Vamos realmente a empezar una guerra
por Groenlandia? No tenemos ninguna posibilidad” de ganar, dijo el ministro,
que reconoció que su corazón estaba “sangrando” a causa de Groenlandia.
A pesar de
ello, el ministro se inventó unos supuestos preparativos europes, descritos
como “plan B” aunque, naturalmente, no quiso detallarlo: “Siempre hay un plan
B”, aunque “es inútil hablar demasiado de ello, pero existen soluciones de
respaldo”.
Dicho de otra
manera, no hay un “plan B”, o quizá mejor, no hay ningùn plan porque no hay
nada que hacer; Estados Unidos hará con Groenlandia lo que le de la gana.
El relleno del
bizcocho es el siguiente: las capitales del Viejo Continente se coordinarán
para responder política y logísticamente en caso de violación de la integridad
territorial de Dinamarca. Francken quiere aparentar que no se trata de meras
conversaciones a puerta cerrada, sino de una planificación concreta destinada a
proteger la integridad territorial de un país europeo.
El ministro
también quiso dar la impresión de que los países europeos tienen alguna
autonomía estratégica respecto a los padrinos de la otra orilla del Atlántico.
Para Bruselas, ahora es imposible basar su seguridad únicamente en el paraguas
de Washington, especialmente cuando adoptan una postura depredadora hacia un
Estado miembro de la OTAN.
Si bien
Francken insiste en que no cree en la probabilidad de un ataque armado, el mero
hecho de que se estén debatiendo públicamente medidas de emergencia subraya la
gravedad de la situación.
Salvo llorar,
Bruselas no tiene nada que hacer ni decir ante la creciente retórica orquestada
por Estados Unidos desde principios de año. Por eso la soberbia de Trump ha
subido de tono y no se ha limitado a proferir amenazas militares; ha blandido
la guerra económica contra sus antiguos socios. En una declaración reciente,
Trump mencionó la implementación de aranceles dirigidos específicamente contra
los países que se oponen a la anexión.
El chantaje
económico va acompañado de una burla de la fuerza militar danesa, cuya ejército
son “dos trineos tirados por perros”, unas palabras para humillar a Copenhague,
que el gobierno danés se ha tenido que tragar. La explosiva mezcla de ultimátum
de seguridad y guerra comercial ha obligado a los aliados europeos de Dinamarca
a romper su silencio.
Pero eso es lo
único que Europa puede hacer: hablar, hablar y hablar.
Más allá de la
relación bilateral entre Copenhague y Washington, la propia arquitectura de la
OTAN se ve sacudida por estos acontecimientos. ¿Cómo reaccionar si Estados
Unidos amenaza la integridad territorial de otro miembro? El “plan B” que se ha
inventado el ministro belga sugiere que los europeos empiezan a comprender que
la OTAN está muy lejos de formar un bloque homogéneo.
El servilismo
europeo, puesto a prueba a menudo, se enfrenta aquí a su máximo desafío:
permanecer unidos detrás de Dinamarca y romper con los padrinos
estadounidenses, hasta hoy garantes de sus intereses.
Fuente: mpr21.info

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