viernes, 12 de febrero de 2010

MATERIALES DE REFLEXION

Publicado por el Ateneo Confederal Rojo y Negro de la Confederación General de Trabajadores (CGT), acaba de ver la luz un documento que titula “Más allá del sueño de los Borgia”, de los autores Raquel Casiron; Emilio Alba y María José Moya.
Este documento, fragmentado en diez partes irán apareciendo en este Blog en días sucesivos a partir de hoy.
Sin duda es un documento que debería inducirnos a la reflexión, y que viene a demostrar que los déspotas que nos dirigen no solo nos explotan y se quedan con el producto de nuestro trabajo, sino que además nos envenenan poco a poco. Muy completitos que nos han salido estos déspotas.
3/10

Es pues necesario disponer de análisis más sistemáticos de la contaminación por COP de los alimentos. En esta tarea deben implicarse los distintos niveles de la Administración.
Para empezar, aplicando metódicamente la legislación vigente y proporcionando información creíble a la ciudadanía. Asimismo, los programas que funcionan ejemplarmente (por ejemplo, los de algunos ayuntamientos) deberían popularizarse.
Si poca es la información en cuanto a los alimentos, mayor es nuestra ignorancia sobre los niveles de COP en la población española.
Y lo poco que se sabe no es tranquilizador: la inmensa mayoría de las personas estudiadas tienen concentraciones apreciables de COP. Lo habitual es detectar DDE, PCB, hexaclorobenceno y compuestos relacionados con el lindano en un 80% o un 90% de la población. Incluso en los recién nacidos: la acumulación de residuos en tejido graso durante la vida de la madre es una fuente de exposición para el hijo desde la concepción, durante la gestación y a través de la lactancia. Así lo indican estudios como los de Nicolás Olea en Andalucía y de Jordi Sunyer y Joan Grimalt en Cataluña: en la práctica totalidad de recién nacidos se detecta DDE, hexaclorobenceno y PCB.
Aunque esos incipientes estudios no ofrecen una imagen válida de lo que ocurre en la población general española, sin duda indican que la situación merece más atención. A título no exactamente anecdótico, mencionemos que un estudio de Pieter van Veer y Eliseo Guallar en mujeres de cinco ciudades europeas observó que las mujeres de Málaga presentaban concentraciones de DDE significativamente más altas que el resto.
Países como Bélgica saben de eso, y han aprendido dolorosamente algunas lecciones tras sufrir, detectar y analizar con rigor episodios como el de contaminación alimentaria por COP (dioxinas), ocurrido allí en 1999. Tras ello, los expertos belgas han escrito: “Aunque tras el accidente se han efectuado más de 20.000 mediciones de PCB y dioxinas en piensos para animales, grasas animales y alimentos para humanos, persisten muchas incertidumbres acerca de la magnitud de la exposición a estos tóxicos por parte de la población belga. Tales incertidumbres tienen su principal origen en el hecho de que prácticamente no había mediciones disponibles sobre la carga corporal de esos contaminantes antes de la crisis, ni tampoco se hicieron mediciones durante o después de ella”.
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