domingo, 28 de febrero de 2010

REUNIÓN DE SIMPLES OVEJAS Y PASTORES MIENTRAS MAS LEJOS MEJOR

(Ovejas que como no han querido ser trasquiladas han despedido al pastor)

La reforma laboral es imprescindible. La imponen más que pedirla, el gobernador del Banco de España; El Rey, El Banco Europeo, El Fondo Monetario Internacional… Es decir, que la reforma laboral la imponen más que pedirla, precisamente todos aquellos que ni viven ni se enriquecen con el producto de su trabajo, sino que disfrutan de la vida, además de enriquecerse a costa precisamente de los que trabajamos.
El gobierno, los partidos que de una u otra manera gobiernan con él, los paridos que aspiran a gobernar y los sindicatos que sin tener ni legal ni moral ni en número la representación de todos los trabajadores, cada cual desde sus puntos de vista respectivos actúan en función de los papeles que les asignan los que poseen y tienen a su disposición las grandes masas de capitales que no son de su propiedad jurídica aunque sí de hecho.
La tan cacareada reforma laboral, aceptada tan buenamente por todos los que trabajamos, en absoluto se refiere a que el sistema productivo debido a los avances técnicos y organización del trabajo es cada vez más productivo, y por consiguiente, cada vez con menos tiempo de trabajo se producen más bienes, mejores y más baratos, y como consecuencia de ello es objetivamente posible hoy que a todos los miembros de la sociedad le lleguen más bienes, más baratos y con menor esfuerzo y menos tiempo dedicado al trabajo. Y como esto que es hoy objetivamente posible no se produce, sino todo lo contrarios: que cada vez se trabaja más para tener menos, se tiene en la práctica que en vez de vivir mejor, como hoy es objetivamente posible hacerlo porque existen más bienes de los que poder disfrutar, resulta que se vive peor, y no sólo eso, sino que las perspectivas de futuro son todavía para vivir peor.
La reforma laboral, de la que no solo se habla, y nosotros, los trabajadores, aceptamos como si fuera algo baladí o no nos afectara ni a nosotros ni a nuestros hijos, lleva en marcha muchos años, pero no para reformar esa disfunción evidente entre las posibilidades reales y efectivas de poder vivir mejor y el hecho también evidente de que cada vez se vive peor, que sería la reforma laboral verdaderamente necesaria justa, civilizada y posible, sin ninguna hojarasca palabrera que la oculte.
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